HOSPITALES Y MÉDICOS COMPLICES DE LA MUERTE
La cita era a las nueve de la noche. Era un reencuentro de 10 largos años. «Vivirá por siempre en nuestros recuerdos, el día que no lo recordemos ese día habrá muerto para mi», nos dijo el pequeño Iván Colos esa noche de dolor para él y su familia, mientras todos nos quedamos perplejos e incrédulos de lo que estaba sucediendo. Hacía un par de años atrás que nos habíamos reunido en mi casa. Era el reencuentro de nuestra promoción que mostraba todos los maravillosos acontecimientos de nuestra infancia en un abrir y cerrar de ojos, como quien va y viene al futuro en un segundo y en su trayecto se muestran todos los episodios de la época escolar. Los días anteriores había estado preocupado por el bienestar de su hermano. Esa mañana de Enero de 2015, nuestro amigo Alex Colos se despidió de nosotros para siempre.
Había sufrido desmayos, mareos y dolor durante cuatro días. Había sufrido una pelea callejera el fin de semana, «le dijo a mi Mamá que tenía mareos y no se sentía bien», la familia al ver que los mareos empiezan a complicarse y pierde el conocimiento, lo llevan al hospital más cercano. El hospital “MARIA AUXILIADORA”, ubicado en San Juan de Miraflores y considerado en alguna oportunidad como el mejor hospital del Sur de Lima. Luego, de una larga espera fue atendido por uno de los doctores, que posiblemente el titulo le queda grande, y a perdido les sentido de humanismo y sensibilidad que debería tener al atender a sus pacientes, lo revisa rápidamente tras la espera de los demás pacientes y al no encontrarle nada grave o notorio para él, es regresado a casa con una simple receta médica.
Alex Colos, compañero de clases en nuestra Institución Educativa Villa María del Triunfo #7054, estaba en cama pensando en porque se sentiría tan mal. Un medico debería haberle dado el cuidado necesario para detectar su malestar: en su primer desmayo. El Lunes, su hermano había empezado a preocuparse. Su madre debería elegir con cuidado los medicamentos y atenciones, para no crear alguna reacción peligrosa contra su malestar. En los primero días de malestar, la familia Colos empezó a preocuparse mas. Habían pasado tres días y no obtenían resultados satisfactorios del doctor que lo entendía. De los constantes pacientes que son ingresados en Emergencia, en el hospital Maria Auxiliadora, Alex no demostraba contusiones graves, desgarres o sangrado alarmante o al menos notorio y preocupante para los médicos y personal. Cuando continúan pasando los días y Alex pierde el conocimiento nuevamente, el doctor se toma el tiempo debido para analizar minuciosamente, y se percata de anomalías en la cabeza, que demostraban la ruptura de venas internas al cerebro, y debe ser sometido a una operación de emergencia para calmar la situación. En la madrugada del jueves 8, tras haber pasado toda la semana, débil, mareado, con malestares y posiblemente sin ganas de alimentarse, perdimos a nuestro amigo. Su organismo perdió la pelea. Los doctores no lo atendieron con la misma preocupación que a los demás pacientes. Había sufrido 2 desmayos y varios mareos, pero no fueron suficientemente alarmantes. Por su condición saludable fisicamente, por su escasez de gravedad y por no mostrar huesos rotos, por su falta de dolor considerable, por su paciencia, por su determinación y por saber aguantar el malestar: le decían que regrese a casa y descanse sin preocupación alguna.
Nuestro amigo Alex Colos se estaba despidiendo de nosotros. Iván Colos, su hermano menor, quien nos recordará su rostro en su semblante por siempre, nos había informando de la lamentable noticia el día Jueves por la noche, mediante Facebook. Quería tenernos presentes en su velorio, había disfrutado tanto el reencuentro anterior del 2012 que no paraba de comentarle el exquisito arroz con ceviche, que había disfrutado por última vez con nosotros. Circulaban por Facebook noticias y condolencias de sus amigos y familiares, pero nosotros recién nos enterábamos esa noche. Uno de nuestros compañeros no estaban aún conscientes de la noticia. La mayoría lo había visto hace pocos días manejando Mototaxi. Pero esas muestras de cariño y lamento que leíamos en su muro de Facebook, nos permitió despertar del sueño y reaccionar. Esta vez el reencuentro de la promoción era para conseguir que todos nos podamos despedir de nuestro eterno amigo.
En un principio la noticia del fallecimiento de nuestro amigo nos dejo preocupados. La misma mujer que me tuvo en su vientre, una ama de casa de notable esfuerzo por salir adelante, llamaría en la mañana después de la noche buena. Los gritos eran constantes, el dolor no le permitía mantenerse en pie, algunos gritos ponían en alerta mis sentidos. Su esposo se encontraba en el último piso de la casa. Uno de sus hijos muy cerca, atendiendo a su familia. Mi novio y yo nos encontrábamos tratando de descansar en nuestra nueva casa en Chorrillos. Segundos después de colgar el teléfono de mi hermano, tía, padre, hermano y nuevamente padre, quedó informado de los gritos y malestares, para que pudiese ser atendida y trasladada a un hospital de Emergencia. Había sido incrédula unos minutos. Habíaa sido una noche larga y agitada. Horas después, desperté del sueño provocado por el cansancio y nuevamente realice una llamada telefónica.
«Hay que esperar pueda ser atendida», mencionaba mi padre. A las 3 de la tarde, con todos en el hospital, decido ir a casa al cuidado de nuestras pequeñas mascotas, y al mismo tiempo esperar la llegada del hospital. Tardé más en llegar que ellos. El resultado del doctor que la atendió en el Hospital de ESSALUD, ubicado la Av Grau, indicaba no tenía nada, pero se le tenía que colocar intravenosas para el dolor.
La noche fue muy larga, se paso toda la noche vomitando, sin mantener alimento o líquido alguno. Nuevamente es trasladada al hospital, esta vez al ALMENARA, quienes tampoco encontraron la procedencia del dolor, colocaron intravenosas y determinaron el regreso a casa. La indicación establecía que encontrar la consecuencia estaba fuera de sus manos. Era otra noches de dolor abdominal. Pero, a diferencia de mi padre, mi hermano la traslada al día siguiente al hospital ESSALUD de Villa el Salvador. No detectaron nada, le colocaron más intravenosas. Tenía que regresar el 15 de Enero, cuando los especialistas regresaran de sus vacaciones por fiestas navideñas.
Cansada del dolor, de las inyecciones y de la mala atención, Isabel recurre al Hospital de la Solidaridad ubicado en Villa María del Triunfo. Ellos no solo procedieron a realizarle un minucioso análisis de su condición física, determinaron necesario la realización de exámenes. En unos días de constante dolor donde el «Tenemos pacientes más graves que atender» es ley de médicos y enfermeras, donde si no te ven con las tripas saliendo por el estómago no te atienden, se descubrió el resultado de los exámenes. Una ruptura en la octava costilla y un desgarre en la novena, fue la causa del dolor agonizante tras una semana de agonía.
El idealismo de los médicos en hospitales pagados con nuestros beneficios se puede resumir en la mala, incomprensible y bastante lamentable atención que diariamente reciben los pacientes. Doctores y hospitales de establecimientos públicos, deberían mantener el sentido de profesionalismo. Es lamentable que las negligencias médicas continúen, que los doctores y la gente día a día pierda el habito de ayudar. Que el sentido de Profesional se quede impreso en un documento, que se pierda la noción de su vocación, que exista una falta de compromiso de cuidar y velar por la salud de los pacientes.
A pocos días del fallecimiento de nuestro amigo, Alex Colos, un compañero ejemplar de colegio, nos enfrentamos a millones de personas que son atendidas diariamente en un hospital del estado. Un gobierno, que enfrenta negligencias diarias en su poder, preguntándonos cuando quedará organizada nuestra Nación. Con pacientes en los pasillos del Hospital María Auxiliadora, los doctores salen a marchar por un pago y beneficio «justo». Existe un país con seguros de salud organizado y satisfactorio del que se puede ser imagen. Los medios deberían concentrar sus espacios para mostrar al mundo, y sobretodo a nuestros gobernantes, el malestar del pueblo. Programas de entretenimiento, farándula, chisme y prensa amarilla deberían brindar espacio en sus noticias no a muertos, sino a pacientes propensos a perder la vida en cualquier momento, por la mal practica de los doctores. Iván Colos dice que su hermano vivirá en sus recuerdos por siempre. Pero el doctor que atendió a su hermano aún esta en el despacho donde su iniquidad lo ha vuelto popular.
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